Quiero ser madre, pero no puedo, soy en cambio una aspirante a Mamá.
Quiero ser madre, quiero concebir un hijo de forma natural con mi esposo,
en la privacidad de nuestro hogar, rodeados de amor y pasión,
de la forma que Dios pretendió.
Pero no puedo.
En cambio un médico, un laboratorio y un tubo de ensayo
tratarán de asistir a Dios en lograr nuestra concepción.
Quiero experimentar un retraso de nueve meses,
quiero experimentar náuseas matutinas,
quiero que mi esposo le hable a mi panza,
quiero sentarme en la sala de espera junto a otras embarazadas
sabiendo que soy una de ellas.
Pero no puedo.
En cambio, trato de no lucir embarazada para que no vayan a preguntarme.
Sonrío a bebés que no son míos.
Sufro por amar a alguien que nunca he conocido.
Quiero sorprender a mis padres con un nuevo nieto,
quiero contarle a mi familia y amigos la buena noticia,
quiero que mi vida cambie de un día para otro,
quiero leer qué esperar cuando estás esperando.
Pero no puedo.
En cambio, me doy inyecciones, me hago pruebas de sangre,
veo mis folículos crecer y rezo para que fertilicen,
mientras mi esposo mira nuestra concepción desde el otro lado de la sala.
Leo libros sobre Infertilidad.
Quiero decorar el cuarto del bebe,
quiero tener la casa segura para niños,
quiero comprar esos adorables, suaves y diminutos conjuntitos,
quiero comprar en esa famosa tienda de bebes,
quiero ahorrar dinero para el futuro de nuestro hijo.
Pero no puedo.
En cambio, imagino una cuna en esa habitación vacía de la casa.
Evito las tiendas de bebes,
gastamos nuestro dinero en citas, exámenes y procedimientos de alta tecnología,
gastamos nuestro dinero en un sueño.
Nos quedamos con la cuenta bancaria vacía.
Nos quedamos con los brazos vacíos.
Quiero compartir mi experiencia con mis amigas embarazadas,
quiero comparar síntomas.
Pero no puedo.
En cambio, veo a mis amigas embarazarse tan fácilmente.
Veo sus panzas crecer,
veo sus fotos y trato de ser buena amiga,
veo sus vidas cambiar y nuestra amistad cambiar frente a mis ojos.
Quiero sentir contracciones,
quiero a mi esposo tomándome la mano,
y a mi familia esperando en la sala.
Quiero pujar,
quiero sentir el dolor,
quiero oír el llanto.
Pero no puedo.
En cambio, ciento un dolor diferente,
oigo mi propio llanto,
oigo el llanto de mi esposo, que hiere más de lo que nunca había imaginado.
Quiero abrazar a mi bebe, con lágrimas de alegría corriendo por nuestras mejillas,
quiero experimentar el milagro del nacimiento.
Pero no puedo.
Aún hoy quiero creer que puedo,
quiero que todos puedan,
quiero seguir intentando,
quiero vivir un futuro.
Aún hoy quiero, y creo que puedo.
ANONIMO
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